(Reedición del posteo homónimo publicado originalmente en el Blog de Demian Ferrante Kramer, http://ferrantekramer.blogspot.com/)
Andrés Lucca, sabía que se lo debía.
Cuenta la historia que Laureano Lucca Paredes, padre de Andrés, era el dueño de la finca lindera a la de los Ferrante Kramer en Tumbes. De ahí ambas familias, unieron lazos.
De hecho, algunos comentarios indiscretos dan cuenta de que Andrés intimó con alguno de los hijos de Doroteo. Teniendo en cuenta que los hijos de Ferrante Kramer fueron todos hombres (recordamos: Dionisio, Duilio, Danilo y Demian) y la profunda admiración que profesaba este hombre por el Peruano Dorado, nos hace intuir -sin ninguna certeza, claro está- que en sus épocas de preadolescencia, Andrés y Demian pueden haber tenido algo mas que una amistad de pubertad.
El hecho es que el tiempo los separó y cada uno siguió por su lado. Demian, a recorrer el mundo en busca de ese reconocimiento negado originalmente en su entorno paterno y extendido con el tiempo a todo el mundo; Andrés, estudiando leyes y convirtiendose primero en un joven y prestigioso abogado y luego en funcionario del municipio de Tumbes. Este hecho fue trascendental.
La mañana del 6 de febrero de 1991, Andrés se despertó sobresaltado. Era su cumpleaños. Cumplia 61 años y se sentia vacío. Hacía 40 años que Demian se había ido y si bien había tenido algunas noticias de su vida a través de Duilio, sabia que su historia con el Atila peruano había quedado inconclusa.
Cuenta la historia que Laureano Lucca Paredes, padre de Andrés, era el dueño de la finca lindera a la de los Ferrante Kramer en Tumbes. De ahí ambas familias, unieron lazos.
De hecho, algunos comentarios indiscretos dan cuenta de que Andrés intimó con alguno de los hijos de Doroteo. Teniendo en cuenta que los hijos de Ferrante Kramer fueron todos hombres (recordamos: Dionisio, Duilio, Danilo y Demian) y la profunda admiración que profesaba este hombre por el Peruano Dorado, nos hace intuir -sin ninguna certeza, claro está- que en sus épocas de preadolescencia, Andrés y Demian pueden haber tenido algo mas que una amistad de pubertad.
El hecho es que el tiempo los separó y cada uno siguió por su lado. Demian, a recorrer el mundo en busca de ese reconocimiento negado originalmente en su entorno paterno y extendido con el tiempo a todo el mundo; Andrés, estudiando leyes y convirtiendose primero en un joven y prestigioso abogado y luego en funcionario del municipio de Tumbes. Este hecho fue trascendental.
La mañana del 6 de febrero de 1991, Andrés se despertó sobresaltado. Era su cumpleaños. Cumplia 61 años y se sentia vacío. Hacía 40 años que Demian se había ido y si bien había tenido algunas noticias de su vida a través de Duilio, sabia que su historia con el Atila peruano había quedado inconclusa.
Es por eso que decidió dejar todo. Hizo un par de llamados a sus contactos en la intendencia, llamó a Aero Perú y compró un pasaje con destino a Buenos Aires. Estaba decidido. No tenía claro si Demian seguía vivo. El tenia que devolverle todo lo que el peruano alguna vez le habia dado en las cálidas playas de Tumbes. Tenia que extender su legado.A las 48 horas estaba en Buenos Aires. Alguien le mencionó la existencia de la Fundación DFK, hacia allí fue, pero sus autoridades -por miedo a otro papelón- se negaron a recibirlo. Solo pudo interactuar con Casimiro Arenas, el biógrafo de Demian quien lo puso al tanto de las novedades de la vida de su admirado coterráneo.
Un museo no, una universidad tampoco, ya que ambos proyectos habían fracasado. Una plaza, no sonaba muy magnánimo. ¿Qué podría hacer?... Y de golpe, un impacto en su cabeza lo devolvió a la realidad. Mientras terminaba un café en el café "La Facha de Aurelio", en la esquina de Plaza y Av. del Tejar en el barrio de Saavedra, hizo un par de llamadas larga distancia directamente con el intendente de Tumbes.
Era indispensable conseguir financiamiento para su obra. Iba a ser de interés nacional. La primer inversión del municipio de Tumbes fuera del Perú. Cuando del otro lado del teléfono aprobaron su idea sin chistar, confirmándole que enviarían el dinero que necesitara, Andrés rompió en llanto emocionado. Iba a poder hacerlo.
¿Si Walt Disney, hijo de un granjero de Kansas y repartidor de diarios pudo tener uno de los parques de diversiones más grandes e imponentes del mundo, porque él no?Montaría el Parque Temático-Recreativo Demián Ferrante Kramer.
Continuará....








0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada